El día siguiente fue tranquilo. Mi bebé se desperto a las 6.30 AM y me regaló la primera sonrisa del día. No duró mucho, sólo hasta que vió que empezaba a preparar su mamadera, y ahí empezo a protestar por mi consabida lentitud para alimentarlo. Lo cambiamos con mi hermana, después nos vestimos nosotras y nos fuimos a desayunar. Pasamos el día en el hotel malcriando a mi hijo. En esta epoca del año en Haïti oscurece temprano, así que alrededor de las 6pm ya estábamos en casi plena oscuridad. A esa hora el gordito se durmió la tercera siesta del día, la más larga, y ahí aprovechamos por turnos para bañarnos. Después se despertó, mamadera, comidita para él, su tía y su mami y un baño espectacular para KJ. Repetimos la sesión de charla y puchos en el balcón que se estaba convirtiendo en nuestro segundo lugar preferido (el primero era en el bar La Terrace del hotel, con una inmejorable conexión WiFi y una linda vista de la vegetación del hotel y de la pileta), mientras Kennedy ya iba por su quinto sueño.
Al día siguiente, contratamos un taxi. En el momento en que nos estábamos yendo, vemos llegar la camioneta de Barbara, que llegaba con Elisa y sus mellis. Ahí nos enteramos que nos íbamos al hotel de la playa, el Wahoo Bay, así que armamos una valija rápido, las cosas del bebé y partimos.
Como no entrábamos en la camioneta, usamos el taxi que ya habíamos contratado. Eramos Maggie, Myrlande, KJ y yo.Fuimos primero al Ruuska Village, el orfanato. Ahí estuvimos esperando a Barbara alrededor de 45 minutos. No puedo explicarles la emoción que sentí a medida que íbamos llegando al orfanato. En cuanto doblamos por esas callecitas le digo a mi hermana que creía que estábamos yendo al orfanato, porque me resultaba conocido el lugar. Como dice Alejandra, parece que visitas un blog...
Cuando ví el famoso portón celeste, escrito RUUSKA VILLAGE # 9 me largué a llorar. Lloré todo lo que no había llorado en los últimos días. Y seguí llorando una vez que se abrió el portón. Ví y reconocí todo lo que había visto en blogs, pero seguía sorprendiéndome una vez más. En cuanto llegué, Liz, la niñera de mi hijo, me arrebató a KJ de las manos. ADORA a mi hijo. Y él la ama también. Nos sentamos en el borde de las escaleras de una de las casitas y enseguida frente a nosotras se empezaron a sentar los chicos de diferentes edades que estan en el orfanato. Hasta que nos hicimos amigos! Para la segunda visita, ya éramos íntimos. Nos partía el alma llegar al hotel y descubrir que nos habían metido en los bolsillos, sin que nos diéramos cuenta, crayones. Cuánto nos queda por aprender, no? Ellos que no tienen nada, nos regalaban lo poco que tenían.
Mi hermana murió de amor por Cachetes, que fue el sobrenombre que le pusimos a Katrina. Katrina tiene tres años, es hermosa y AMA a su hermano, Tommy, que ese día cumplía un año. A cada rato Cachetes se acercaba a su hermano para ver como estaba y lo llenaba de besitos. ***NOTA: Interesados en adoptarlos, manden mail.***
Una vez que llegó Barbara, saludamos a los chicos y nos fuimos a Wahoo. Llegamos a Wahoo cansadísimas. No me voy a olvidar que cuando bajé de la camioneta Eli me pregunta si estaba bien, me mira la cara y dice: Sí, tu cara ya dice como estás. Nos registramos en dos habitaciones, una al lado de la otra, comimos con Barbara, Myrlande, Vera, un matrimonio americano que estaba con su hijo y despues vino la despedida. Nos quedamos Eli y los mellis por un lado y Maggie, KJ y yo por el otro. Ya era tarde para recorrer la playa, así que probamos con una siesta para los chicos y comenzó el canje de Havannas: Cambiamos uno blanco por uno de chocolate para mí. Esa noche estuvimos más relajadas todas, creo. Nos juntamos en el balconcito (sí! teníamos balconcitos acá también) y nos pusimos a chusmear hasta las 2AM. Los chicos ya estaban súper dormidos. Aprovechamos para comunicarnos a Argentina por medio de la compu, y Eli aprovechó para hacer una videoconferencia con sus hijos. ***NOTA A LOS HIJOS DE ELI: Che, porténse mejor la próxima vez, que hacen llorar a su mamá!***
A la mañana siguiente desayunamos y bajamos a la playa con nuestros bebés. A KJ le encantó el agua, a los melli no tanto. El océano estaba calentito, el sol radiante, pero sin ser un calor agobiante. A cada rato pasaban vendedores ambulantes que no dejaban de ofrecernos cosas y llegaron a tornarse más molestos que los mosquitos. Igual el último día aprovechamos y compramos cuadritos que nos mataron con el precio, pero eran tan lindos que no pudimos resistir. Cuando subimos, aprovechamos para qudarnos un rato al lado de la pileta del hotel, y descubrimos que a KJ le preocupaba muchísimo el hecho de que aparecía y desaparecía en el agua su mamá.
Prácticamente los tres o cuatro días que estuvimos en el hotel la rutina fue siempre la misma, salvo el domingo que encontramos muchos cascos azules argentinos. Aprovechamos para buscar a un médico, que por suerte encontramos, para hacer algunas consultas. A esta altura, tenía un ojo completamente rojo, suponíamos que era conjuntivitis, pero en realidad parece que fue un golpe de mi bebé. Pega fuerte...
A la tarde nos fue a buscar Barbara y fuimos para el orfanato de nuevo. Ahí vino corriendo de nuevo Liz a arrebatarme a mi bebé, esta vez por la ventana, tirándole del brazo. Yo sufría pensando que me lo iba a romper!!! Nos despedimos de Eli hasta el día siguiente. Ese dia fue el último de Eli en el orfanato. Al día siguiente se mudó con nosotras al hotel.
º-ºContinuaráº-º